Posted by : Javier Reyes M. miércoles, 2 de octubre de 2013

Tras el paso de las lluvias acarreadas por el huracán Manuel el fin de semana del 16 de septiembre, la ciudad de Acapulco y el resto del estado de Guerrero, se vieron insertos en una serie de dinámicas que colocaron en duda diversos ecosistemas políticos y gubernamentales.


El análisis de los llamados “desastres naturales” adquirió dimensiones económicas, políticas, sociales y hasta culturales, pasando por los temas de desarrollo urbano y preservación del medio ambiente, entre otros. Sin embargo, a más de quince días del fenómeno climático vivido por la entidad, otro factor se suma a la lista de agendas pendientes: la exhibición mediática de la ciudad en tiempos de crisis. Este factor motiva a exponer en el blog “Marca Ciudad Acapulco” las perspectivas implicadas. La pregunta es ¿cómo afecta esta crisis la percepción sobre el puerto?

Es necesario mencionar que una situación de tal índole sólo logra entenderse al desglosar la realidad en componentes más simples, en este caso, aquellos de naturaleza comunicativa. Así, encontramos tres preguntas clave: ¿A quién se emiten los mensajes? ¿En qué momento? y ¿Qué se dice?

1. ¿A quién se dice?

En primer lugar encontramos la dimensión de los mercados a los que se emiten los mensajes. Aquí detectamos tres posiciones:
a)      Hacia el mercado doméstico, los mensajes resultaron insuficientes, escasos o nulos. La caída de servicios telefónicos y de energía eléctrica exponenció colectivamente la emergencia. Tal como lo menciona Villoro en “8.8: el miedo en el espejo”, la dependencia a la tecnología evidenció la carencia de sistemas efectivos (no tecnológicos) para resolver situaciones apremiantes. La crisis deja de estar en las personas: la crisis es la falta de medios.
b)      Hacia el mercado exterior. ¿Qué se dijo fuera de la ciudad? Mucho se ha comentado sobre la falta de oportunidad en las comunicaciones externas que provocaron entre otras cosas, que turistas arribaran al puerto en pleno fenómeno, aún cuando las condiciones no eran propicias. Además, por la inmediatez de los medios, en las primeras imágenes de la catástrofe se referenciaba a los porteños saqueando establecimientos. “Cero ayuda” se leyó en mensajes de las redes sociales, posteriores a las pics de acapulqueños con pantallas de plasma en la inundación. Dichas fotografías no fueron explicadas nunca de manera oficial.
c)      Hacia el mercado de turistas que ya se encontraban en la ciudad. En este apartado detectamos mayor gravedad en la resolución de una actitud favorable hacia la Marca Ciudad Acapulco. ¿Cómo se atendió el problema de los turistas varados en la ciudad? ¿cuál fue el trato durante su estancia forzada en el puerto? ¿a qué se enfrentaron? La respuesta a estas preguntas permitirá comprender la magnitud del problema de imagen al que se enfrentará la marca “Acapulco” durante los siguientes meses. Deberán definirse estrategia claras para alentar a estos consumidores a retornar a la entidad, a “perdonar” lo poco amable del trato, las dificultades para abandonar el puerto, el abuso en precios y pagos ¿Se están tomando acciones al respecto?

2. ¿Cuándo se dice?

En segunda consideración se encuentra la dimensión del tiempo. De acuerdo con la Lic. Mónica Gutiérrez, experta en temas de comunicación en crisis, durante un evento extraordinario la emisión de mensajes encuentra tres momentos básicos:
a)      Precrisis. Esta fase describe la elaboración y gestión de planes para las contingencias, incluso planes sobre la estructura de medios, mensajes y protocolos a emplear en situaciones emergentes. La prevención es la mejor manera de combatir el futuro incierto.
b)      Durante la crisis. En el periodo de ocurrencia de la crisis es complicado y complejo entablar comunicación con los afectados. Las primeras horas suelen ser de confusión y desinformación, pues los medios regulares no funcionan. Los rumores encuentran suelo fértil. Es menester de los responsables previamente asignados poner en marcha las estrategias planteadas, así como contener y minimizar en lo posible, la difusión de noticias que acrecienten los estados negativos. La palabra clave en esta fase es “honestidad”. Pretender ocultar lo que ocurre, sólo contribuirá a minar la credibilidad de los emisores.
c)      Posterior a la crisis. La información circulante debe continuar con las líneas estratégicas planteadas. Un mensaje a destiempo, o múltiples mensajes con diferentes sentidos, equivalen a decir nada, o peor, a construir retroalimentación negativa.

En la siguiente publicación, la conclusión de este tema.

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