Posted by : Javier Reyes M. lunes, 30 de junio de 2014

En comunicado oficial del 22 de junio del gobierno del estado de Guerrero, se “dan a conocer las obras que renovarán sitios turísticos icónicos para (Acapulco) como el Zócalo, La Quebrada, Caleta y Caletilla, Isla La Roqueta, Playa Manzanillo y La Diana”. Dichos espacios, se contempla, "serán rehabilitados y equipados por parte de la Fonatur, para el Tianguis Turístico 2015 en Acapulco”.

Diversas imágenes sobre los proyectos en cuestión circulan en las redes oficiales del gobierno del estado. Asimismo, se han colocado lonas promocionales con renders en los sitios a ser remodelados. La difusión de la noticia ha provocado diversas reacciones entre internautas, transeúntes, sociedad civil en general y por supuesto, aquellos afectados directamente por las remodelaciones. Entre la preocupación por la tala indiscriminada de árboles, pasando por las consideraciones de mantenimiento, hasta las de índole urbano o sustentabilidad de los proyectos presentados, se esgrimen argumentos a favor o en contra de la acción de gobierno.

Independientemente de las opiniones provenientes de diferentes posturas (algunas legítimas, otras desde el oportunismo político), es necesario efectuar un análisis desde la perspectiva de marca. Si bien el hecho posee ángulos interdisciplinarios, lo cierto es que un entendimiento cabal desde otras disciplinas, implicaría más que el artículo de un blog.

Desde la gestión de marcas, en particular desde la gestión de una marca ciudad, son dos aspectos los que destacaríamos en relación con estas acciones de obra pública: estrategia y congruencia.

La congruencia de marca se entiende como la homogenización de los proyectos que emprende una ciudad. Esto en relación con un plan maestro de marca, con una estrategia clara y contundente sobre el tipo de mercados que se pretenden atraer. Una serie de proyectos como los presentados por FONATUR deberán ser congruentes entre sí, mostrar unidad con el entorno y con los principios rectores de la marca, entre ellos, la percepción de los ciudadanos sobre los cambios a efectuar. Un proyecto de obra pública no consensuado, no provocará integración de los ciudadanos a los espacios, sino lo contrario: los espacios se percibirán como ajenos, impuestos. Esto dificulta la formación de una verdadera comunidad (pues la ciudad ya no es sólo un espacio común, sino un espacio de convivencia). Con el modo de operar, es patente la carencia de tal estrategia de marca para Acapulco, tal como hemos recalcado en este espacio.

Otro ángulo del manejo del branding Acapulco ejecutado en esta situación, es el del mensaje que se comunica para la difusión de las obras. Se menciona “modernizar” las zonas involucradas, cuando no se explica por qué modernizar en zonas etiquetadas como “tradicionales” o modernizar en comparación con qué, o a favor de qué. El supuesto es entonces, modernización como aplicación de estándares arquitectónicos, estéticos, sociales, económicos y de marca que no provienen del respeto a una identidad local propia, sino de modelos ajenos, otra vez, impuestos.

Finalizo entonces, enumerando las preguntas que surgen a raíz de tales acciones de gobierno:
1.- ¿A qué plan estratégico de marca responden estas actividades?
2.- A partir de dicho plan de marca ¿se producirá una estética y funcionalidad que responda a la identidad acapulqueña?
3.- ¿Cuál es la identidad acapulqueña?

Proyección de la Diana.
Imagen obtenida de https://www.facebook.com/GuerreroPortal/timeline

Proyección de la zona de Caleta.
Imagen obtenida de https://www.facebook.com/GuerreroPortal/timeline



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